El domingo 22 de febrero del 2026 será una fecha memorable para mí pues tuve la dicha de hacer mis primeros votos como HERMANA CARMELITA TERESA DE SAN JOSÉ en la Parroquia María, Madre de la Iglesia, del barrio de Carabanchel en Madrid, en el marco de la fiesta del 148 aniversario Congregacional, unido al 1er domingo de cuaresma. Ambos acontecimientos entrañan un preanuncio y un claro llamado a entregar la vida por el Señor en la Congregación para seguir avanzando y construyendo la historia que iniciaron nuestras Madres Fundadoras, junto a las Hermanas y laicos del ayer, del hoy y de los que vendrán en el mañana.
La profesión pública ha acrecentado en mi la presencia de este Dios que camina conmigo, siendo todo un acontecimiento de amor y gracia divina. Su predilección al elegirme con ternura me confirma, como dice el apóstol que Dios ha derramado su amor para darme a conocer el misterio de su voluntad por Cristo, y todo esto incluso con mis limitaciones.
En la celebración he tenido la suerte de contar con personas muy queridas y cercanas a mí, como todos los sacerdotes que concelebraron, amigos y compañeros de los grupos e institutos, algunas religiosas de otras congregaciones, además del gusto de ser acompañada por miembros de mi familia como mi tía, su esposo y mi primo. Y por supuesto, todas las Hermanas de las comunidades de Madrid, y algunas de Burgos y Salamanca que estuvieron animando con su presencia ese momento.
La liturgia eucarística, dígase, cantos, lecturas, el mismo rito de la profesión, fueron conduciéndonos e introduciéndonos, a mí y a toda la asamblea, en la trascendencia de lo que acontecía, por tanto, todo ayudó a vivir ese espacio con una nota de fondo bastante fuerte y presente, no sólo durante la celebración, sino en los días previos de preparación, y es que he constatado una comunión real y pacificadora con aquellos que, de una forma o de otra, se unieron a mi ese día.
Hay sentimientos que cuesta traducir en palabras y que interiormente me desbordaron durante y después de la celebración, esos los guardo para el Señor, que lee más allá de las palabras, pero si algo puedo decir con certeza es la paz, la serenidad y el profundo gozo con los que he vivido el momento, sabiéndome sostenida por el Señor y por las hermanas y hermanos que Él me ha regalado.
Me encomiendo con confianza a las oraciones de mis Hermanas y del pueblo de Dios para vivir con fidelidad lo que implica mi consagración.
Hna. María Isabel Bruján Puente, ctsj








