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PREREGRINACIÓN A TIERRA SANTA

“El señor ha estado grande con nosotras, y estamos alegres”. (salmo 125)


Entre los días 7 al 14 de agosto de 2023, peregrinamos a la tierra de Jesús las Hermanas Elvira Trigal, María del Socorro Henao, Mayra Peguero, Fabia Peña, Milka Bautista, Beatriz de Santiago, Rosa Elvira Acevedo, María Teresa Quintero y Ángela Ma. Zuluaga, junto con un grupo de laicos, 31 personas por todos. Nos acompañó como sacerdote y guía un Franciscano, hombre de Dios y con amplia experiencia en acompañar peregrinaciones. Antes del viaje, vivimos tres días de preparación, acompañadas por Hna. Carmen Ma. Ugidos, donde las nueve hermanas comenzamos a conocernos más y a hacer experiencia de grupo, sensibilizando nuestro interior tanto a la vocación otorgada como al don de pertenecer a nuestra Congregación.


Sentimos muy cerca la presencia de María en la basílica y gruta de la Anunciación y reconocimos tantas advocaciones marianas, en los retablos de las mismas en la parte exterior del lugar. En la Iglesia de San José, nos alegró mucho sentir tan reconocido a nuestro Santo Patrono ante el anonimato al que nos tiene acostumbradas la historia, y vivimos la experiencia de un rosario josefino muy solemne.


Caná de Galilea: El “haced lo que Él os diga” resonó de muy distinta manera en nosotras, y en el Monte Carmelo, rezamos con el alma la salve y cantamos a nuestra Madre y Patrona de la Congregación, poniendo en sus manos nuestra Congregación con sus proyectos, dificultades y necesidades.


Peregrinar por el monte de las Bienaventuranzas, ir a Tabgha, lugar de la multiplicación de los panes, a la casa y capilla del primado de Pedro a orillas del lago, a Cafarnaúm, Magdala, y recorrer en la barca el mar de Galilea, todo ello nos impactó mucho, humana y vocacionalmente hablando, y nos confirmó en la centralidad de Jesús como absoluto de nuestras vidas. Y subir al Monte Tabor, nos hizo decir también a nosotras: “·Hagamos tres tiendas”, que nos ayuden después a vivir en mayor fidelidad y compromiso en nuestras realidades concretas.


Belén con su entrañable ternura: Allí nacimos con Jesús, celebramos la eucaristía de navidad en la gruta de los pastores y visitamos la basílica de la natividad. En Ain Karem pudimos visitar tanto el Santuario de la Visitación como la Iglesia de Juan Bautista; en estos lugares nos sentimos invitadas a no olvidar la grandeza de la sencillez y la humildad que, reconocemos, tan fácilmente se nos van de las manos.


Jerusalén y los lugares de la pasión, muerte y resurrección de Jesús: Nos transmitieron la impresión y el dolor de estas horas tan difíciles para el Señor. Y estar en el templo de Jerusalén, siendo testigos de cómo confluyen en ese espacio las tres religiones que conocemos, pero cada una por separado, nos evidenció que por el momento, no parece haber muchas señales visibles de que pueda darse la anhelada unidad de los cristianos por la que seguiremos rezando siempre.


El viacrucis por la vía dolorosa nos situó en el entorno real del ofrecimiento de la vida de Jesús por nosotros, y el Calvario y el Santo Sepulcro fueron lugares para postrarnos, orar y hacernos más cercanas al dolor de Jesús y del mundo. En el muro de las Lamentaciones, pudimos sentir especialmente el dolor y sometimiento de las mujeres cuando orábamos con ellas compartiendo el mismo espacio en la parte destinada a nuestro género.


Betania, tierra de los amigos de Jesús, María, Marta y Lázaro: Allí celebramos una hermosa eucaristía dando gracias por el don de la amistad. En el río Jordán renovamos las promesas bautismales y nos bautizamos, y la visita al ardiente y desértico Jericó, a las ruinas de Qumran, al mar muerto y un tramo del desierto de Judea, nos situaron, aunque fuera por ese poco tiempo que estuvimos ahí, en la hondura de la espiritualidad del desierto que vivió Jesús: silencio, tentación y sobre todo afirmación de la fe.


En el cenáculo, renovamos nuestra Profesión Religiosa junto con dos religiosas de otra Congregación que también hicieron lo propio desde la fórmula de renovación de su Instituto religioso. Fu muy especial renovar nuestros votos en este lugar tan significativo.


Terminamos la peregrinación en Emaús, donde también ardían nuestros corazones en la eucaristía que celebramos, y visitamos por último en la ciudad de Jafa el Santuario de San Pedro, antes de volver a “nuestra Galilea”.


Damos gracias a Dios y a la Congregación por este inmenso regalo que se nos hizo en estos días. Lo acontecido en nuestros corazones, sólo el Señor lo sabe, porque, aunque queramos dar razón de las mociones del Espíritu en nosotras, y de los deseos de renovar nuestro compromiso con Jesús en la Congregación, las palabras no alcanzan a describir los alcances de tan valioso regalo.


En nombre de nuestro grupo:


Hna. Angela Ma. Zuluaga, ctsj

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