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En Riudecanyes, año 1826, comenzó esta bella historia: dos mujeres, Teresa Toda y Teresa Guasch...
Aquel grano de mostaza que en 1878 fue echado en los campos de la Iglesia, se ha desarrollado sólidamente.
Creced como violetas, volad como palomas, con sencillo corazón.
Siendo para los jóvenes y niños, madres, maestras y amigas.
Nos esforzamos para que los distintos lugares donde desarrollamos nuestra misión sean espacios de acogida.

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30/07/2020
EXPERIENCIA DE NUESTRA PRIMERA PROFESIÓN RELIGIOSA

En el marco de los 60 años de presencia congregacional en Colombia y Chile nosotras Ingrith Dayana Rivas Arciniegas y Enedina Mercedes Navarrete Henríquez, el día 16 de Julio dedicado a la maternal advocación de Nuestra Señora del monte Carmelo, en la capilla del Noviciado San José en Medellín, emitimos nuestra primera profesión religiosa en nuestra Congregación de Hermanas Carmelitas Teresas de San José.

Con el espíritu sediento de Cristo dijimos: “Señor dame de esa agua para que no tenga más sed” (Jn 4, 5) y le pedimos la gracias de permanecer unidas a Él, que nos dice: “El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto” (Jn 15,5).

Nos sentimos muy alegres de que nuestras Hermanas de  Congregación nos pudieran acompañar desde las distintas partes del mundo donde hacemos presencia, fortaleciendo nuestro sentido de comunión y fraternidad congregacional, que nuestros familiares y amigos más cercanos tuvieran la oportunidad de acompañarnos virtualmente en la emisión pública de nuestros primeros votos de castidad, pobreza y obediencia. La celebración fue presidida por el Padre Fernando Zapata y concelebrada por los Padres José Jesús Tabares Suaza, OAR y Carlos Eduardo Cataño.

En nuestro corazón hay un canto de alegría, por la gracia que Jesús nos ha permitido vivir al consagrarnos a Él, colocando en sus manos nuestra pequeñez para que con su gran misericordia siga haciendo grandes maravillas en nuestra vida consagrada. Somos conscientes de que llevamos este don en vasijas de barro, realidad que nos anima a seguir disponiendo nuestro corazón a la ternura del amor de Dios en nuestra vida.

Damos gracias al Señor porque nos llama a experimentar su amor a través del reconocimiento de sus pasos en nuestra historia de salvación y hoy nos sigue llamando a comprometernos, con una confianza plena, como el niño en brazos de su Padre.

También le agradecemos por el deseo de fidelidad y  perseverancia que deposita en nuestros corazones, para ser signo visible de su presencia salvadora en la cotidianidad de la vida, convirtiéndonos en testimonio de esperanza y misericordia para el mundo de hoy.

¡Gracias Señor por tanto amor derramado en nuestros corazones!

Hermanas Ingrith Dayana Rivas Arciniegas ctsj 
Y Enedina Navarrete Henríquez ctsj 
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