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En Riudecanyes, año 1826, comenzó esta bella historia: dos mujeres, Teresa Toda y Teresa Guasch...
Aquel grano de mostaza que en 1878 fue echado en los campos de la Iglesia, se ha desarrollado sólidamente.
Creced como violetas, volad como palomas, con sencillo corazón.
Siendo para los jóvenes y niños, madres, maestras y amigas.
Nos esforzamos para que los distintos lugares donde desarrollamos nuestra misión sean espacios de acogida.

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04/04/2019
Jornada de Reflexión: “Misión Compartida” Mirando el Futuro
El pasado sábado 23 de marzo en el colegio marianista “Sta. María del Pilar” de Madrid, fuimos convocados por la CONFER todos los responsables y/o delegados directos de la Misión Compartida y del Laicado de los Institutos Religiosos. De las Carmelitas Teresas de San José, asistimos por parte del equipo de titularidad, la hermana Merche Trigo y la laica Mª Ángeles García. Por parte de la Fraternidad Carmelitana la hermana Mª Lourdes Marco, la hermana Eulalia Bosom y un servidor. En total nos reunimos 74 personas entre religiosas/os y laicos/as, que representaban a 57 Institutos Religiosos.
 
Los objetivos eran compartir la reflexión realizada por la CONFER sobre la Misión Compartida, reflexionar sobre unos presupuestos básicos y un lenguaje común en torno a la Misión Compartida, conocer la realidad de la Misión Compartida en los Institutos Religiosos que tienen un recorrido y establecer los principales retos de futuro para trabajar tanto en la CONFER como en los Institutos.
 
La mañana comenzó a las 9:15 con una oración y la presentación de la jornada. A continuación, comenzó una apretada mañana en la que trabajamos sobre los pilares básicos del camino recorrido, del que destaco lo siguiente:
 
TODOS, hermanas y laicos/as, estamos llamados a compartir la vida desde una exigencia y entrega al amor. A vivir la vocación, que es la relación de Dios con cada ser humano. Que de la misma manera que compartimos una vocación compartimos también la responsabilidad de la misión. La misión nace del don gratuito de la vocación. Que cada uno es una misión. Tú eres una misión, y yo soy una misión. La misión tenemos que vivirla como como un compromiso, una llamada de Cristo, una tarea confiada a la Iglesia, compartiendo con los otros componentes de la familia los rasgos propios de la espiritualidad. Este nuevo sistema de eclesiología de comunión nos lleva a pasar de lo jerárquico a lo comunitario, de la pirámide al círculo, de la separación al encuentro. Y de esa unión viene lo especifico, no lo exclusivo. “Unión sin confusión”. En la Iglesia lo que es propio no es exclusivo. Que la comunión se consigue a partir de la diversidad y no de la uniformidad. Lo que es diferente, no separa, sino que distingue y enriquece al conjunto.
 
Religiosas/os y laicos/as tenemos muchas cosas en común: El seguimiento a Jesús y la referencia al Reino. El modo de existencia cristiano. Todos partimos del mismo Carisma, del amor de Dios, en igualdad de dignidad, deberes y derechos y participamos activamente de la misión de la Iglesia. Pero también tenemos que identificar las diferencias entre religiosas/os y laicos/as: La profesión de la/el religiosa/o y el compromiso de los laicos/as. Las llamadas también son diferentes. Una consagración específica sitúa a la/el religiosa/o de una manera determinada (Votos-Vida Común). El laicado se vive desde la secularización, en los asuntos temporales. La misión es común, pero los ministerios diferentes.
 
Pero no podemos hablar de Misión Compartida si no compartimos Carisma. El Carisma no es de un Instituto, es un don que el Espíritu da a la Iglesia para el mundo por intermedio de una o más personas y transmitido por el grupo heredero de los mismos. Es decir, todo carisma congregacional pertenece a la Iglesia. El Carisma es el elemento unificador, el puente que permite el encuentro, la raíz de nuestras relaciones. A los laicos nos da identidad espiritual. Compartir el Carisma implica la comunión entre los que lo comparten. La corresponsabilidad en la misión. Discernir juntos. Formarnos juntos, no por separado con una formación adecuada y específica. Una formación que desarrolle la Misión Compartida en la identidad del Carisma, en el sentido de pertenencia a la Familia Carismática, para que todos entendamos laicos/as y religiosas/os nuestras vidas en clave eclesial.
 
Sobre la una y media celebramos la Eucaristía. Tras la comida, continuamos analizamos en pequeños grupos todo el contenido de la mañana y después hicimos una puesta en común para sacar unas líneas de acción y las conclusiones. Pasadas las seis y media de la tarde nos despedíamos con la sensación de haber vivido un día muy intenso y de tener ante nosotros un horizonte lleno de esperanzas.
 
Todo este proceso es largo y estamos dando pasos, unos más adelantados, otros menos, pero sabemos que ése es el camino que nos marca el Espíritu hoy en la Iglesia.
 
Conscientes de las dificultades avanzamos con la confianza plena en el Espíritu. Él sabrá llevarnos por los caminos adecuados para que nuestro mundo tenga vida y vida en abundancia: la vida de Jesucristo, el Señor.

 

Manolo Ponce
Fraternidad Carmelitana Anawin. Lepe
Fraternidad Lepe