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En Riudecanyes, año 1826, comenzó esta bella historia: dos mujeres, Teresa Toda y Teresa Guasch...
Aquel grano de mostaza que en 1878 fue echado en los campos de la Iglesia, se ha desarrollado sólidamente.
Creced como violetas, volad como palomas, con sencillo corazón.
Siendo para los jóvenes y niños, madres, maestras y amigas.
Nos esforzamos para que los distintos lugares donde desarrollamos nuestra misión sean espacios de acogida.

FUNDADORAS

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TERESA GUASCH

Madre Teresa Guasch
Madre Teresa Guasch
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Nació en Riudecanyes el 28 de mayo de 1848 y es bautizada al día siguiente en la parroquia de su pueblo natal.

El 8 de julio, Antonio Guasch, su padre, que ya estaba fuera del hogar, arrebató violentamente de los brazos de su esposa a su hija Teresita y huyó con ella, con peligro para la vida de la pequeña. La niña fue recuperada por la abuela materna, Magdalena, ayudada de otros hombres del pueblo que corrieron tras Antonio.

El 8 de agosto de 1848, Teresa Toda la presenta al Sr. Arzobispo de Tarragona, para que le administre el Sacramento de la Confirmación. Desde finales de ese año Teresita ya vivirá en Tarragona, con su madre, su abuela y sus tíos. En 1853, es matriculada en el Colegio de la Compañía de María. Su madre quería una esmerada educación para su hija, sobre todo una formación bien asentada en los principios y valores cristianos, y que ella misma, en el seno familiar, procuraba inculcarle.

Dios fue preparando el camino para que, madre e hija, se fueran convirtiendo en tierra abonada y preparada para recibir y acoger la llamada que tenía reservada para ellas.

En 1863, su madre le confía a Teresa su deseo de consagrarse a Dios, fundando un Instituto religioso para la acogida y educación de niñas huérfanas. Teresa Toda ayuda a su hija a leer el paso de Dios por sus vidas y su designio amoroso y providente sobre ellas. Teresa Guasch, que había pensado en ingresar en otra Congregación, acogió plenamente el proyecto de su madre y se identificó con él.

Desde este momento Teresa Toda y Teresa Guasch, madre e hija, en perfecta unión y armonía, sólo tienen una meta: Consagrar su vida a Dios y fundar una Congregación al servicio de las huérfanas, preferentemente. Aconsejadas por el Dr. Caixal, Canónigo de la Catedral de Tarragona y director espiritual de la madre, van preparando y disponiendo todo en silencio, salvando muchas dificultades, y no perdiendo nunca su fe inquebrantable en Dios.

En 1883, aprobadas por el Vicario Capitular del Obispado de Barcelona las primeras Constituciones del Instituto, junto con su madre, y otras tres compañeras, Catalina Pera, María Vallés y Rosa Capdevilla, Teresa Guasch hace su Profesión religiosa.

Teresa Guasch será la que encarnando mejor que nadie el ideal de su madre, se convierta ella misma en la inspiradora, la pedagoga y el alma de la Congregación. Primero en vida de su madre, y luego como continuadora de su obra.

En 1898, tras la muerte de su madre, es elegida Superiora General de la Congregación, cargo que desempeñó hasta su muerte. En 1902 ella obtuvo la aprobación diocesana definitiva y en 1911 el Decreto de alabanza y la aprobación definitiva del Instituto.

Siguieron otras fundaciones: 1902, Sabadell, 1906, Roda de Bará y 1916, Tarragona, la última fundación de nuestras Fundadoras.

En 1912 la aquejó una grave enfermedad lo cual no será obstáculo para que continúe, con tesón y constancia al frente de su obra. Pero la enfermedad va minando su organismo y ella que siempre trabajó infatigablemente, multiplicó su actividad en los últimos días porque ya presentía su fin próximo.

La Madre Teresa Guasch gozaba de la admiración, amor y respeto no sólo de las hermanas de su Congregación, sino también de cuantos la conocían y se relacionaban con ella. Muchos la describieron como una mujer de extraordinaria calidad humana y espiritual.

Su profunda experiencia de Dios la ayudó a asumir con paciencia las contrariedades y dificultades de los últimos días de su vida, producto no sólo de su enfermedad sino también de algunas situaciones dolorosas dentro del mismo Instituto al que tanto amaba y por el que luchó con todas sus fuerzas desde el principio de su fundación.

El día 15 de diciembre, sábado, entre las 11 y las 12 de la noche entregó su alma a Dios. La fama de santidad que tuvo cuando vivió, se confirmó y fue aumentando después de su muerte. Muchas personas se vienen encomendando a ella, y según aseguran, obtienen gracias por su intercesión.

El día 19 de abril de 2004, se promulgó en Roma el Decreto por el que la Iglesia reconoce oficialmente la heroicidad de sus virtudes y fue declarada Venerable.